Hay una creencia muy instalada en el ámbito terapéutico: la idea de que comprender el origen de nuestros problemas es suficiente para cambiar. La realidad nos demuestra lo contrario: conocer la historia no es suficiente para cambiar patrones de relacionamiento.

El valor de mirar hacia atrás no es quedarnos a vivir en el recuerdo, sino recuperar la pista de los esquemas cognitivos, emocionales y corporales sobre los que construimos nuestra experiencia actual, nuestra realidad cotidiana.

El pasado como código de supervivencia

El presente casi nunca es una repetición exacta de lo que vivimos en el pasado. Pero sí podemos ver las pautas y patrones repetitivos, que traemos de aquella época. Cuando somos chicos nos adaptamos estratégicamente a nuestro entorno, para ser vistos, protegidos y amados.

Estas formas de adaptarnos son respuestas de supervivencia biológica y psicológica. Esa adaptación (mecanismos de defensa) sirvió en su momento para mantenernos a salvo.

El problema surge cuando mantenemos esas respuestas como estructuras o patrones rígidos. Crecemos, el contexto cambia, los presupuestos sobre los que construimos aquellas defensas son obsoletos, pero seguimos respondiendo con las formas que aprendimos en los primeros años de vida.

Cómo cambiar patrones de relacionamiento

La buena noticia es que el ser humano no está biológicamente condenado a la repetición. Junto a esas estructuras rígidas, poseemos un potencial evolutivo inmenso que nos permite revisar la propia historia y ensayar nuevos procesos de adaptación.

¿Cómo se activa este potencial? A través del darse cuenta en el aquí y el ahora.

Cuando dejamos de justificar el automatismo («soy así porque…») y empezamos a ser conscientes de la inadecuación de nuestras respuestas, algo cambia internamente. Al registrar lo irracional e inútil de seguir defendiéndonos de un peligro que ya no existe, el viejo modelo pierde fuerza y es ahí donde se abre el espacio para cambiar patrones de relacionamiento obsoletos por formas más sanas y funcionales.

Actualizar la mirada

Mirar el pasado desde el enfoque sistémico y gestáltico no es un ejercicio de arqueología dolorosa; es un acto de responsabilidad con el presente. Implica honrar la solución que encontramos en el pasado, agradecer que nos trajo hasta acá y tener el coraje de mirar a nuestro alrededor para descubrir que hoy, como adultos, contamos con herramientas, alternativas y libertades que antes no teníamos.

El mapa no es el territorio. Y podemos actualizar el mapa todo lo que sea necesario.

Si ves que repetís formas y patrones viejos, te invito a conocer cómo trabajo.

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