Tal como documentan autores e investigadores de la epistemología psicológica (Civita, 1999; Pagnini, 2010), hemos pasado por diversos modelos para explicar el sufrimiento transgeneracional. Primero miramos al cerebro y la biología, luego a los comportamientos observables (por ejemplo el conductismo), más tarde a los conflictos internos y la relación directa con nuestros padres (ej: psicoanálisis). Sin embargo, hoy sabemos que para comprender plenamente nuestro malestar necesitamos ampliar la mirada.

Nuestra biografía no empieza el día que nacemos. ¿Es posible que el sufrimiento se transmita a través de las generaciones? La respuesta que nos dan tanto la clínica psicológica moderna como las neurociencias es un rotundo sí.

Más allá de la propia historia: qué es el sufrimiento transgeneracional

En todas las familias existen vivencias, creencias, secretos, miedos o traumas que no se verbalizaron. Cuando una experiencia es demasiado abrumadora (un trauma) y no hay un apoyo relacional para procesarla, la persona suele recurrir a la disociación como respuesta: una anestesia protectora. Se crea un vacío, una ausencia.

Y es ese vacío el que más resuena en las siguientes generaciones.

Lo que llamamos transmisión transgeneracional es justamente el paso de esos fantasmas, miedos y vivencias no procesadas hacia los descendientes. A diferencia de los mandatos explícitos (como «en esta familia todos somos abogados»), el trauma transgeneracional viaja en lo no dicho, en lo que no se pudo asimilar.

El vacío relacional y el peso del silencio

¿Cómo pasa este sufrimiento de padres a hijos si no se habla de ello? Se transmite en la forma de relacionarse. Un padre con un trauma no resuelto puede tener dificultades para sintonizar emocionalmente con su hijo. Ese «vacío relacional», esa desconexión o anestesia en el contacto, deja una huella en el desarrollo del niño. Lo que fue una herida callada en el abuelo, se convierte en un vacío confuso en el padre, y finalmente en un síntoma en el hijo.

La ciencia lo respalda: la herencia epigenética

Más allá del relacionamiento humano, los avances científicos han demostrado que el trauma también viaja por vías biológicas. La epigenética (que significa «sobre los genes») ha descubierto que nuestras experiencias vitales pueden dejar «marcas» químicas en nuestro ADN.

Estas marcas no cambian el gen en sí, pero sí modifican cómo se expresa. Estudios como los realizados con sobrevivientes de traumas masivos o entornos de alto estrés, demuestran que estas alteraciones biológicas en la respuesta al estrés pueden transmitirse a la descendencia durante varias generaciones.

Romper la cadena: el poder transformador de la terapia

Llegados a este punto, podría parecer que estamos condenados por el pasado de nuestros ancestros, pero el dato más relevante y esperanzador de la epigenética para la terapia (como subraya Hofer, 2014) es que estas marcas genéticas son reversibles o modificables. Las nuevas experiencias, un entorno relacional seguro y el trabajo personal pueden modificar de nuevo los marcadores en el ADN.

Sobre este punto, la evidencia académica es contundente. Como señala Spector (2013):

«La lección más importante que hemos aprendido de los estudios epigenéticos es que podemos cambiar nuestros genes, nuestro destino biológico y el de nuestros hijos y nietos.»

Como bien concluye el texto que inspira este artículo: lo que no es entregado y transformado, se transmite. (Gianni Francesetti en Fundamentos de psicopatología fenomenológico-gestáltica)

El trabajo de la terapia cobra un nuevo sentido, mucho más amplio que el alivio individual. Al poner palabras a lo innombrable, al asimilar lo que quedó congelado en el pasado, no solo te sanas a ti mismo. Estás transformando un dolor que venía de muy atrás y, lo más importante, estás evitando que pase a las generaciones futuras. Sanar tu historia es, en definitiva, un acto de amor hacia los que vendrán.

¿Querés ver cómo se aplican estos principios en la práctica?

En mi artículo ¿Cómo es una constelación familiar? te cuento cómo bajamos esta teoría a la práctica.

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